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Pagos sin tarjeta: por qué el modelo de Khipu ganó terreno entre comercios y plataformas digitales en Chile
June 23, 2026
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Portal Innova

En un país donde transferir entre cuentas es parte de la rutina, los pagos sin tarjeta dejaron de ser una rareza. La fintech chilena Khipu construyó su negocio sobre esa costumbre: permite pagar y cobrar mediante transferencia directa desde cualquier banco, sin pasar por una tarjeta de crédito ni exponer datos sensibles. Lo que empezó como una herramienta para comercios hoy aparece en aplicaciones de transporte, plataformas de pagos internacionales y servicios digitales de todo tipo. Detrás de esa expansión hay un cambio de hábito que se viene gestando hace años en el bolsillo de los chilenos.

Un modelo que evita la tarjeta y los datos sensibles

Khipu es uno de los pioneros locales en la iniciación de pagos. En lugar de almacenar los datos de una tarjeta, redirige al usuario a la banca en línea de su propio banco para autorizar la transferencia. El dinero se mueve directo desde la cuenta y el comercio recibe la confirmación casi al instante.

Para el usuario, la ventaja es concreta: no comparte el número de tarjeta ni sus claves con el sitio donde está comprando, porque la autenticación ocurre dentro del entorno del banco. Para el comercio, el modelo promete una tasa de conversión de pago que, según la propia firma, supera a la de otras alternativas de transferencia, en buena medida porque recorta los pasos manuales que suelen hacer abandonar una compra a mitad de camino. Con más de una década en el mercado, la compañía se instaló como una de las caras visibles del ecosistema fintech chileno.

De los comercios a las plataformas digitales

El recorrido de Khipu muestra cómo un método de pago puede saltar de rubro en rubro. En el comercio tradicional, su alianza con Banco Itaú apuntó a ordenar los pagos entre comercios y proveedores, un terreno donde la conciliación manual cuesta tiempo y plata.

En el mundo de las apps, la plataforma internacional de transporte InDriver incorporó a Khipu para que sus usuarios carguen saldo con cualquier banco y sin fricción. Y en los pagos transfronterizos, su acuerdo con la fintech Global66 llevó la lógica de la transferencia directa más allá de la frontera chilena. Cada caso repite el mismo libreto: cobrar rápido, con alta disponibilidad y sin obligar al cliente a tener una tarjeta habilitada.

El salto al entretenimiento online

El entretenimiento digital fue uno de los espacios donde la transferencia directa encontró terreno fértil. En plataformas donde el depósito instantáneo y la seguridad pesan a la hora de elegir, Khipu se transformó en una de las formas de carga preferidas por los usuarios chilenos. De hecho, ya circulan rankings independientes de los casinos online que aceptan Khipu en Estafa.info que comparan cada plataforma por licencia, tiempos de acreditación y métodos de retiro disponibles. Ese último punto no es menor: Khipu opera sobre todo para depositar, así que el retiro suele exigir otra vía, como la transferencia bancaria tradicional.

Conviene tener presente el contexto. En Chile, el marco para el juego en línea todavía se discute en el Congreso, de modo que la oferta disponible se mueve en una zona que aún espera regulación. Antes de usar cualquier plataforma, lo razonable es verificar su licencia, leer las condiciones y tratar este tipo de entretenimiento como lo que es: un gasto de ocio, nunca una fuente de ingresos. El juego responsable y el límite de los 18 años siguen siendo la regla básica.

Lo que viene para los pagos por transferencia

La expansión de Khipu refleja un cambio más amplio. El chileno está cada vez más cómodo pagando por transferencia y cada vez menos dispuesto a entregar los datos de su tarjeta en cualquier sitio. Mientras la banca abierta avanza y las fintech siguen sumando aliados, la transferencia directa promete seguir ganando espacio en rubros nuevos.

Para los comercios y las plataformas digitales, ofrecer un pago rápido, seguro y sin tarjeta dejó de ser un diferencial llamativo: hoy se acerca más a una expectativa básica del usuario chileno.