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¿Qué le falta a Chile para tener su propio Pix?, es la pregunta que cada cierto tiempo salta a los titulares. Una pregunta más que legítima. Este fue el sistema con el que Brasil transformó por completo la forma en que sus ciudadanos hacen sus pagos digitales, consiguiendo, por ejemplo, que el vaso de caipiriña que se vende en la playa se pague de teléfono a teléfono.
La mejor manera de responder esta pregunta es abrir más la mirada hacia otros casos de éxito en el mundo y ver cómo todos ellos conversan con el plan de seguir ampliando la competencia y la innovación en la industria financiera. El propio Banco Central ha señalado que prefiere una mirada distinta a la brasileña. Públicamente ha dicho que quiere que sea el sector privado -y no el instituto emisor, como en el país vecino- quien desarrolle y opere la infraestructura. Esta idea nos acerca a un segundo referente, menos citado hasta ahora, pero igual de transformador. Se trata de Bizum, la plataforma española nacida de la colaboración entre instituciones financieras.
La tarea no es elegir entre copiar a Brasil o a España, sino identificar qué de cada uno es efectivamente imitable, y necesario, para la realidad chilena.
Bizum nació en 2015 del acuerdo entre 20 entidades financieras españolas, tres asociaciones del sector (AEB, CECA y UNACC) y tres infraestructuras de pago (Redsys, Cecabank e Iberpay), que decidieron construir una solución común en lugar de competir cada uno por su carril. La empresa se constituyó en 2016 y, a diferencia de otras billeteras digitales, se integró directamente dentro de las aplicaciones de los participantes: nadie tuvo que descargar una app nueva ni abrir una cuenta distinta. Hoy reúne a casi 40 entidades financieras y es, para millones de españoles, sinónimo de "hazme una transferencia".
Lo que Chile puede imitar de Bizum es precisamente ese diseño institucional: una infraestructura privada, construida por consenso entre todos los actores del sistema financiero, bajo un marco que el regulador define pero no administra. Es, en su lógica de fondo, el mismo camino que el Banco Central ha dicho escogerá: fijar las reglas del juego y dejar que sea la industria quien desarrolle y opere la plataforma.
Y aquí conviene detenerse. Porque "que lo haga el sector privado" es distinto a "que lo hagan los bancos". Bizum funcionó porque logró sumar a un número relevante de entidades desde el inicio. Si en Chile esa construcción privada se limita desde el inicio a un grupo acotado de bancos, se pierde exactamente lo que hizo funcionar al modelo español.
Pix, tiene una lección distinta, y no es que el Banco Central sea su dueño. La regla que lo hizo crecer tan rápido fue la interoperabilidad obligatoria para todos los actores autorizados del sistema: bancos, cooperativas, instituciones de pago y fintech. Todos juntos desde el primer día. Esa obligación es la razón por la que Pix superó al efectivo como medio de pago más usado en apenas cuatro años, mientras que a Bizum, construido de forma voluntaria banco por banco, le tomó cerca de nueve años llegar a un nivel de masificación equivalente. La velocidad no vino de la tecnología ni de la propiedad pública del sistema, sino de que nadie quedó fuera de la red.
Ahí está, entonces, la combinación que Chile tiene la oportunidad de construir, y también el punto en el que debemos ser más exigentes como industria: infraestructura de propiedad privada con una integración total.
Esta integración dependerá de cuánto detalle ponga el regulador al definirla. El Banco Central ha anunciado que pondrá en consulta una normativa que perfeccione las transferencias electrónicas entre personas y comercios, pero sus detalles aún no se conocen. Ahí estará la definición que realmente importa. Si esta normativa se limita a lineamientos generales y deja los detalles operativos a lo que acuerden los propios participantes, el resultado no será una solución de mercado abierta, sino lo que los actores que ya son dueños de la infraestructura decidan entre ellos.
Esta combinación, además, no es una idea nueva para nosotros: es la misma lógica que ya inspira el Sistema de Finanzas Abiertas (SFA) contemplado en la Ley Fintec, y cuyo foco es el mismo que inspira a todas las autoridades del mundo: promover la competencia, la inclusión y la innovación a través de reglas claras y de acceso obligatorio para todos los participantes autorizados, sin que el Estado deba operar la infraestructura.
El SFA es el resultado de un trabajo que partió durante el segundo gobierno del Presidente Sebastián Piñera y se concretó en la administración del Presidente Gabriel Boric, consiguiendo a lo largo de todo el proceso legislativo una aprobación política transversal y una legitimidad incuestionable.
El sistema de pagos instantáneos que hoy se discute en el Banco Central puede y debe construirse bajo esa misma arquitectura: gobernanza pública, implementación privada, espacio para la innovación, reglas de acceso universal y foco en resolver el problema real que Chile todavía tiene pendiente, la baja adopción de pagos digitales en el comercio más pequeño, donde el efectivo sigue siendo protagonista.
Parte de esa arquitectura de acceso universal exige, también, dejar atrás una idea que suele repetirse sin fundamento: que las empresas tecnológicas que podrían participar de estos sistemas son actores "poco regulados". Esta caracterización no corresponde a la realidad de la industria fintech. Las empresas fintech que hoy participan del sistema de pagos, emisoras de tarjetas con provisión de fondos, operadores de pago, iniciadores de pago y Cámaras de Pago de Bajo Valor, lo hacen bajo estrictas regulaciones legales y normativas, estando obligadas a someterse a los más altos estándares de la CMF y el Banco Central, al igual que la banca. No hay que confundir innovación y nuevas tecnologías con vacío regulatorio. Por el contrario, es innovación puesta al servicio de los chilenos.
FinteChile participará activamente con su mirada y aporte técnico una vez que el Banco Central ponga la nueva normativa en consulta, defendiendo siempre una arquitectura de pagos instantánea, interconectada, en la que todos los actores de la industria comiencen a operar simultáneamente, de fácil acceso para todos los chilenos y armónica con el SFA.