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Cómo la generación fintech está reinventando la forma de invertir
Durante décadas, la actividad estuvo asociada a patrimonios elevados, ejecutivos experimentados y corredores de bolsa. Hoy, esa imagen comienza a quedar atrás. Un nuevo grupo de inversionistas jóvenes está ingresando al mercado financiero desde el teléfono móvil mediante aplicaciones que prometen acceso simple, costos bajos y operaciones disponibles a cualquier hora. Especialistas alertan sobre riesgos por falta de conocimientos financieros, sobretrading y la exposición a productos complejos.
June 18, 2026
Por
El Mercurio

Hace menos de una década, invertir en la Bolsa de Comercio de Santiago o en mercados internacionales como Wall Street requería ciertos estándares mínimos e intermediarios establecidos como corredoras para realizar las transacciones.

Hoy, la postal luce diferente. Francisco Ramírez (22), estudiante de Ingeniería Civil en la UAI, revisa su teléfono a diario para ver cómo van sus inversiones. En una sola pantalla monitorea su portafolio: un 20% en un fondo mutuo automatizado de renta fija; un 45% en un ETF (exchange-traded fund) que replica el índice S&P 500 de Estados Unidos, y el resto en acciones tecnológicas globales. Comenzó hace un año aportando $10.000 mensuales extraídos de sus trabajos esporádicos.

Hoy, como Ramírez, una generación nativa digital lidera un cambio cultural sin precedentes en la gestión del capital. Jóvenes de entre 20 y 30 años se vuelcan hacia plataformas de tecnología financiera de inversión atraídos por interfaces sencillas que les permiten abrir cuentas en minutos desde sus celulares y rentabilizar sus excedentes de dinero, modificando radicalmente el perfil de los inversores, cuánto se tranza y cómo se accede al mercado.

Más que nombres

Para las generaciones nacidas bajo el alero tecnológico, la institucionalidad tradicional ha mutado. “No necesariamente es indispensable que el dinero esté en un banco con mucha historia”, señala Cristián Muñoz, académico de la Universidad de Concepción. Las marcas disruptivas “les generan alta confianza, presionando a la banca tradicional a bajar costos y agilizar servicios”, agrega.

“Hoy, para un joven de 18 años, sin historial financiero ni patrimonio, no es un problema participar en el mercado de capitales”, continúa el especialista. Plataformas locales como Fintual —destaca—, “ya gestionan más de US$ 2.000 millones bajo un perfil de clientes de profesionales jóvenes, posicionándose como la cuarta administradora de fondos con más partícipes del país”.

Asimismo, aplicaciones como Racional o la firma global XTB permiten adquirir acciones o fondos cotizados (ETF) con montos desde $5.000, incentivando el “ahorro hormiga” o aportes mensuales automatizados para así ir adquiriendo portafolios para comprar acciones, bonos, fondos, ETF, criptomonedas, divisas, materias primas e incluso participaciones inmobiliarias o startups.

¿Quiénes son?

En cuanto al perfil de los usuarios, “no existe una cifra oficial consolidada sobre cuántos jóvenes chilenos usan apps de inversión, ya que el universo se distribuye entre múltiples plataformas sin un registro único”, detallan en FinteChile.

Según la aplicación chilena Zesty Finance, cerca del 30% de sus usuarios tiene menos de 35 años, y el monto promedio que ese segmento transa mensualmente ronda los US$ 150. “Más que la cifra en sí, lo significativo es el cambio de hábito que refleja: aportes acotados pero recurrentes, con una lógica de construcción patrimonial de largo plazo, muy distinta al modelo del gran depósito único”, explican en Zesty.

El economista y experto en inversiones Joaquín Gallardo agrega una característica a este segmento: “Los jóvenes son osados, buscan experimentar, y esta puede ser una buena causa para hacerlo y compartir sus logros en redes. La mayoría de ellos llega por una referencia de un amigo y aprende a usar la aplicación de la misma manera”.

El riesgo del trading

A pesar de las ventajas, la masificación digital desnuda brechas complejas, entre ellas, la educación financiera. El estudio “Radiografía a la educación e inclusión financiera en Chile” (2025), de la Universidad Católica y Banco Falabella, revela que la bancarización de los adultos en el país es superior al 90%, principalmente a través de cuentas vista. No obstante, advierte que el uso de productos de inversión formal sigue siendo marginal y concentrado, determinado por el nivel educativo y socioeconómico de las personas.

“En general en Chile, los jóvenes tienen un bajo nivel de educación financiera si se compara con otros países de la OCDE”, advierte Cristián Muñoz, quien recalca que en la prueba PISA enfocada en esta área, “solo el 38% de los alumnos chilenos alcanzaba el nivel mínimo de competencia, frente al 54% del promedio OCDE”.

El riesgo se traslada a la toma de decisiones sin preparación técnica. El académico aclara que abrir una cuenta es rápido, pero las aplicaciones “no necesariamente bajan la barra de la educación financiera”.

Si un usuario desconoce conceptos complejos como el apalancamiento “puede perder todo su dinero en una misma tarde”, advierte Muñoz. Además, el diseño lúdico de las plataformas puede gatillar el incentivo a sobretransar.

“Muchas veces, en el largo plazo, el trading (compraventa activa de activos financieros) genera más pérdidas que utilidades para los inversionistas retail”, explica. Y añade que los modelos de las aplicaciones ganan cuando las personas transan más, lo que colisiona con las estrategias de inversión pasiva y horizontes de largo plazo sugeridos por la literatura financiera.

En este punto surge una alarma que invita a poner ojo en un punto: ¿puede ser esta una nueva forma de apostar de los jóvenes?

A pesar de los riesgos, la tendencia parece consolidarse. Lejos de desplazar completamente a bancos y corredoras, las plataformas están ampliando el mercado. Actualmente, el 63% de estas empresas en Chile mantiene algún tipo de colaboración con actores tradicionales y una de cada dos trabaja directamente con la banca tradicional.

La creciente popularidad de las aplicaciones de inversión entre los jóvenes ha abierto un debate que trasciende lo financiero: ¿pueden estas plataformas generar conductas similares a las observadas en las apuestas online?

Para Romina León, académica de Psicología de la Universidad de los Andes, la respuesta depende en gran medida del funcionamiento de cada aplicación y del comportamiento que incentive en sus usuarios.

“Si es que estas aplicaciones de inversión financiera amigable tuvieran un funcionamiento en el que se pudiera ver muy a corto plazo cambios en el dinero que es invertido en el sentido de una ganancia o una pérdida, efectivamente sí podría estar operando en la línea de las conductas quizás más adictivas que están buscando esta ganancia dopaminérgica rápida e inmediata”, explica.

Sin embargo, la especialista advierte que existen diferencias relevantes respecto de las plataformas de apuestas. La principal diferencia radica en la temporalidad de la recompensa: “Las apuestas tienen esta respuesta inmediata y, por lo tanto, sí son susceptibles de generar un comportamiento adictivo rápidamente en el corto plazo”, afirma.

León enfatiza que también existe una diferencia en el perfil psicológico de quienes utilizan cada tipo de plataforma. “El perfil de una persona que está pensando en invertir respecto a una persona que está ingresando a los sitios de apuestas también es distinto”.

“El que está ingresando a las plataformas de inversión, de alguna manera está pensando en un proyecto de mediano o largo plazo al menos”, asegura.

Por ello, concluye que aunque algunas características tecnológicas podrían generar incentivos conductuales similares, las inversiones digitales y las apuestas continúan respondiendo, en términos generales, a motivaciones y procesos psicológicos diferentes.

CMF refuerza vigilancia de plataformas

El acelerado crecimiento de las plataformas digitales de inversión ha obligado a fortalecer los mecanismos de supervisión del mercado financiero chileno.

La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) ejerce actualmente sus facultades sobre las entidades reguladas bajo el marco establecido por la Ley Fintech (21.521), junto con las Normas de Carácter General N° 502 y N° 530, que regulan el registro, obligaciones y fiscalización de los nuevos actores del ecosistema financiero digital.

La supervisión se desarrolla mediante distintos mecanismos. Uno de ellos corresponde a la revisión de denuncias y reclamos presentados por usuarios, instancia en la que la CMF determina si la entidad denunciada se encuentra bajo su ámbito de fiscalización y, de ser así, iniciar procesos de supervisión que pueden incluir requerimientos de información o inspecciones en terreno.

A ello se suma un plan anual de inspecciones enfocado en instituciones consideradas relevantes para la estabilidad del mercado financiero, como bancos, compañías de seguros, corredoras y administradoras de fondos.

La CMF también monitorea permanentemente la información financiera que las entidades reguladas deben remitir, incluyendo estados financieros, hechos esenciales, memorias, indicadores de solvencia y carteras de inversión.

Otro frente relevante es la vigilancia de redes sociales, medios de comunicación y sitios web, con el objetivo de detectar posibles infracciones o empresas que ofrezcan servicios financieros sin cumplir los requisitos legales.

Cuando se identifican plataformas no reguladas o potencialmente fraudulentas, el organismo emite alertas públicas y, en casos que podrían constituir delitos, presenta antecedentes ante el Ministerio Público.

El desafío sigue siendo relevante. Si bien Chile cuenta con uno de los marcos regulatorios más avanzados de América Latina en materia financiera, el carácter global de internet permite que plataformas extranjeras (y locales) no supervisadas continúen captando inversionistas, lo que obliga a reforzar permanentemente la vigilancia y la educación financiera de los usuarios.

Hoy, para un joven de 18 años, sin historial financiero ni patrimonio, no es un problema participar en el mercado de capitales a través de su celular.